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Mi propia historia

Gabriela Agudo Adriani / Guionista / Venezuela

Productora Audiovisual, creativa y guionista. Workaholic. Sublimadora. Habladora compulsiva. Mamá soltera en entrenamiento. De naturaleza políticamente incorrecta.

El mundo de las piñatas es una fauna

El mundo de las piñatas es una fauna

El mundo de las piñatas es una fauna

Si algo le agradezco a mi separación, es la capacidad de observación que he desarrollado en ciertas situaciones a las que antes solía ir con pareja.

También debo decir que esto ha pasado desde que mi hijo superó la etapa en la cual debía estar vigilado constantemente – aunque los papás sobreprotectores crean que eso sucede después de los 18 años-, y he empezado a pensar que ir a una piñata es como mirar un documental en Animal Planet.

Aquí les presento mi listado de las especies que suelen convivir en el ecosistema de las fiestas infantiles:

1 -. La familia pingüino: estos son los papás que viven para reseñar su vida en imágenes. Seguramente trabajan en algo creativo, casi siempre uno de ellos es influencer, o quiere llegar a serlo, y las fotos de “momentos felices” en familia, son la mejor herramienta para que otros los sigan. No falta la foto “boca de pato” en algún momento, la de las caras locas y la foto que sirve para hacer el post inspirador y decirle “te amo” al hijo por vez número 8 millones cuatrocientos. La verdad es que esos papás sí se parecen mucho a eso que llaman soulmates y uno se muere de la envidia porque hacen una lindísima familia, como los pingüinos. Si fuiste a la misma fiesta probablemente no interactuaste con ellos ni un poquito en la realidad pero termines haciendo like y comentándole más de una de sus fotos, porque, vaya que sí, los tipos se inspiran y si hubiera un premio a la especie más fotogénica habría que dársela a ellos.

2 -. Los pulpos sobreprotectores: no importa si el hijo tiene año y medio o si ya entró en la preadolescencia, estos no le pierden pisada a ese niñito. Nunca se sientan los dos, siempre hay alguno que tiene que quedarse al pie del tobogán, uno no sabe con qué mano siempre logran evitar que algún tornillo salido los rasguñe, o que les llegue una pelota, porque tienen unos reflejos envidiables y parece que fueran pulpos. Los demás papás suelen beneficiarse de esos freakys, porque claro, pueden estar seguros de que un adulto siempre termina vigilando a todos los cachorros, aunque pueden llegar a ser un fastidio porque te avisan de cualquier tontería: “mira, fulana, que la tuya está llorando porque las grandes sacaron de la cama elástica a las chiquitas”, y demás noticias que uno no quiere saber cuando está inspirada chismeando con las amigas. Cuando haces caso omiso o respondes cosas como “deja que se las arregle, que aprenda a defenderse en esta vida”, te miran como si fueras un hereje malamadre que no merece haberse reproducido. Casi siempre son papás que tienen un solo crío y lo tuvieron ya entrados en años, así que cuidan a esa vástago como si fueran el único heredero de una larga dinastía. Algunos tuvieron retos de fertilidad, por lo que se les entiende que para ellos el mundo sea un lugar lleno de peligros y obstáculos horribles. Una fija: a media tarde, cuando ya cae el sol van corriendo a ponerle el suéter apenas pega una brisita, aunque el niño esté subiendo la pared de escalada y sudando como un cochinito. Bueno, en realidad es muy improbable que lo hayan dejado subir a la pared de escalada ni a nada que tenga más de 80 centímetros de altura al grito de: “¡Ay! ¡Te vas a caer y te vas a matar, muchachito!!!”.

3 -. La mamá abeja: esta es la mamá que desde que es mamá, no ha podido dar un paso sin el apoyo emocional y operativo de su propia madre. La realidad es que pertenece a esas familias en las que el marido es sólo un proveedor, y como a él tampoco le gusta ir a piñatas, la abuela es la fiel compañera para estas citas. Esa es la matriarca que está todo el tiempo ofreciendo consejos ‘old school’ no sólo a su hija, sino a las demás mujeres, porque como abeja al fin, vive en una sociedad donde la familia es trabajo de féminas, tipo “mija, anda y ‘atiende’ a tu marido”, y otros que no siempre son bien recibidos.

4 -. Los depredadores hambrientos, que no son otros que los que vinieron a comer (y a alimentar a su cría): esta gente está clara, vino a lo que vino. Estos son los que se paran por turnos de la mesa a ver qué nuevo pasapalo sirvieron, cuándo abre el carrito de los perros calientes, cuál es el mejor dip y quién lo hizo, y por supuesto a qué hora llegan los tequeños. Siempre están reservando algo “para el niño” envuelto en una servilleta sino es que suelen sacarlo de cualquiera de las distracciones o actividades de la fiesta a atapusarlo de cualquier cosa “para que me coma alguito”.

5 -. Los felinos en celo: estos llegan siempre peleados y se van peor, porque cuando esta gente empezó a criar a su hijo, empezaron los problemas, probablemente porque él es un papá sobreprotector que no pestañea si el niño está en el columpio y ella una mamá que va a las piñatas a disfrutar y hacer vida social, o al revés. Ellos tratan de disimular pero siempre se están tirando puntas, se enseñan los dientes y se gruñen como felinos, se reconcilian en mitad de la fiesta porque ver a su hijo disfrutar los conmueve en algún momento, pero cuando llega la hora de la torta ya se volvieron a pelear otra vez y no pueden ponerse de acuerdo con respecto a la hora de irse. Aunque probablemente esto forme parte de su propio ritual de cortejo y apareamiento y terminen copulando después de tanta pelea. Esa gente va a terminar divorciada… ¡y lo digo porque lo viví en mi propio pellejo!

6 -. La mamá ardilla: es la mamá coge-dato, la que como un roedor está buscando qué llevarse a su guarida y en este caso es información va-lio-sí-si-ma. Esta anda celular en mano, preguntando y anotando todo lo que hace parte del decorado y contrataciones varias de la fiesta, porque todo lo quiere para la próxima que va a organizar ella para sus propias crías. Esa es la que etiqueta a todos los proveedores en su Instagram, a todos. Puede ser un fastidio pero en el futuro servirá como fuente de consulta para las de otras especies, ¡se los juro!

7 -. El papá ‘tigre blanco’, o sea, el papá bello y soltero: es una rara especie en peligro de extinción; es el que ando buscando yo en todas las piñatas para adoptarlo y aún no lo encuentro. Si lo avistan, ¡envíen un DM y yo me aparezco!!!

Mención especial a “la manada salvaje”, esa en la que se convierten casi todos los papás de la fiesta cuando llega la hora de la piñata y se lanzan como fieras a agarrar jugueticos inútiles para que su hijo tenga la bolsa más grande que los otros, olvidándose de todo valor pro convivencia pacífica entre las especies.

Tengo planes de llevar estas notas a un documental de observación del reino animal y veré si Discovery me lo compra para que lo vean.

¡Hasta la próxima piñata, amigos!

Sigue a Gabriela en su cuenta de Instagram: @tevefilia

Foto: Pixabay.

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