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Mi propia historia

Directora de Asuntos de Mujeres

Soy periodista e internacionalista; también esposa y mamá. Para mi la vida es como es y así tenemos que contarla. Decidí transformar mi oficio de investigar, editar, hacer programas de radio y perseguir noticias, para contar mis propias historias y apoyar a otras mamás con depresión postparto.

Depresión postparto: Mis amigas como piezas fundamentales de mi recuperación

Depresión postparto: Mis amigas como piezas fundamentales de mi recuperación

Depresión postparto: Mis amigas como piezas fundamentales de mi recuperación

Sufrir una depresión es tan complicado, que mucha gente prefiere callar, guardarse el dolor y aparentar, antes de contarle a alguien lo desdichado que se siente.

Y si hablamos de depresión después de haber tenido un bebé, peor.

Pero debo decir que si algo me ha ayudado a mí en la vida, han sido mis amigas.

Nunca he sido de guardarme las cosas y cuando comencé a sentirme “rara” después del postparto, se me ocurrió contarle a una mis mejores amigas lo que me estaba pasando.

Ella estaba en otro país y aún no era mamá; pero asumió el tema con tanta naturalidad y empatía, que empezó a preguntarle a otras mujeres sobre su experiencia con la maternidad, para poder acompañarme mejor en este momento.

No solo me sugirió que buscara ayuda, sino que en medio de mi incapacidad para todo, me ayudó a contactar a la persona indicada para mi tratamiento.

Mi amiga no me juzgó ni me obligó a nada; al contrario, estaba ahí solo para escucharme, acompañarme y decirme que no era ni la primera ni la última que pasaba por esta situación y que tenía la certeza de que yo saldría librada de esto.

En el camino aparecieron otras que fueron enterándose poco a poco de mi estado, y esto fue muy bueno porque muchas de ellas me hicieron ver la realidad de otra manera y me sacudieron para hacerme entender que estaba en mis manos salir del foso.

Seguramente, algunas se cansarían de mis quejas y lamentos, mientras que otras, no entenderían por qué yo estaba así. A pesar de eso, no dejaron de acompañarme en mis subidas y bajadas, no dejaron de reconocerme, aplaudirme en mis avances y de levantarme cuando yo pensaba que había enloquecido.

Una de ellas me enseñó a ver el mundo con otros lentes, a entender que las perspectivas cambian, las expectativas muchas veces no se parecen a la realidad y que aceptarnos como somos es vital cuando somos mamás.

Otra me invitaba a comer dulce y a tomar café, a hablar un rato de cualquier cosa, a pensar en zapatos y a reírnos de chistes malos.

Las que están lejos de mí me escribían todos los días y las que eran mamás, compartían conmigo de forma muy honesta, cómo se sentían y cómo les había cambiado la vida, y eso fue de gran ayuda.

Las amigas son fundamentales

Sí, lo son. Y a veces, sobre todo, cuando nuestra vida cambia de dinámica y nos convertimos en mamás, las abandonamos, no las llamamos ni compartimos con ellas.

Yo sentía tanta culpa en ese momento, que no me daba el permiso de reunirme con ellas, porque lo consideraba un lujo que ninguna mamá debía darse ¡Estaba tan equivocada!

Ellas pueden ser vitamina para el alma, masaje para el cuerpo y desahogo emocional.

Con ellas, aunque sean diferentes a ti, compartes lo que eres sin tener que aparentar y te quieren y te aceptan como eres, con tus locuras y desaciertos.

Las tengo de varias nacionalidades y todas piensan distinto. Andan regadas por el mundo, varias son mamás y otras están solteras, divorciadas o sin hijos. Todas son maravillosas y las quiero en mi vida y en mi cotidianidad, por nada del mundo me las quiero perder o las quiero abandonar.

Me parecía muy cliché hablar de la amistad y de lo importante que es tener amigas; sin embargo, hoy reconozco que las relaciones interpersonales son un pilar fundamental de nuestro bienestar. Eso hay que cultivarlo.

Yo también procuro ser la mejor amiga que uno puede ser y para eso hay que tener paciencia, empatía y estar ahí para esas mujeres que son como tu familia.

Así que reuní en este post algunos de los beneficios de estar en contacto con tus amigos:

 

  • Si te sientes agobiada, triste y desganada, quizá la primera persona que pueda escucharte y ayudarte sea un amiga.
  • Nayara Malnero, psicóloga en el centro integral Psic & Corps de Gijón, España, dice en un artículo publicado en SModa de El País, que las personas que conservan sus amistades “muestran una salud tanto física como psicológica mucho mayor”, y es que “sin el contacto frecuente con los demás, difícilmente podemos ser felices”.

  • Ya sé que no tienes tiempo, pero hacer el ejercicio de conversar frecuentemente con  tus amigas, preguntarles cómo le ha ido o incluso, cuadrar una reunión con algunas de ellas, ayuda muchísimo. No las descuides ni las subestimes, cuídalas.
  • Los intereses y las dinámicas van cambiando, también lo sé. Incluso, muchas de tus amigas ya no tendrán nada que ver contigo como sucedía antes; pero las de verdad, guardan esos recuerdos maravillosos de la juventud, de las risas, los pesares y las locuras que a veces hacen falta en ese corre corre cotidiano. Si hace tiempo no sabes de una amiga a la que le tienes cariño ¿Por qué no la buscas?
  • De acuerdo con un artículo publicado por The Huffington Post, titulado: “10 verdades sobre la amistad”, la capacidad de ponernos en el lugar de otra persona, o sea, la empatía, aumenta cuando estamos frente a un amigo. Algunos estudios han comprobado que las personas con amigos tienen menos estrés, mejores hábitos, menos tendencia a la depresión, más apoyo en las enfermedades y mucha satisfacción, placer y felicidad.

Para cerrar, quiero dejarles por acá una reflexión de la psicóloga Clara Vélez, especialista en temas de depresión postparto y autora del blog: Ser mamá: “Como hija única, aprendí que los amigos son hermanos que la vida le da a uno. Los amigos pueden ser influencias buenas o malas, dependiendo de cómo ellos entiendan lo que suceda contigo. Cuando muchos te obligan a salir (de la depresión) y pretenden darte ánimos a toda costa, no es tan bueno. A mí me aporreaba mucho eso”.

“Pero los amigos se vuelven importantes cuando les puedes decir: ‘me siento como un culo’, y a pesar de eso, no te juzgan, ni te refuerzan nada; sino que te dicen que esto va a pasar y que hay que buscar ayuda. Aún así, no señalan tus pensamientos y actos (que a veces no son los más adecuados, al menos socialmente), no los juzgan ni los aplauden (porque a veces no son tan chéveres), pero no te califican y siempre te van a acompañar, así te quejes infinitamente”.

Si aún les queda duda… Llamen a esa amiga con la que tienen tiempo sin hablar o a ese ser especial que tienen en el abandono. Comprueben el efecto y después me cuentan.

No dejes de leer: Lo que aprendí de la depresión postparto.

Fotos: Unsplash y HBO.

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