El test de placer
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Daniela Truzman / Periodista / Panamá

Periodista de oficio, escritora de vocación. Millennial y fanática de la cultura pop

Amor Antúnez: “Cambiaría la idea de ‘hasta que la muerte nos separe’ por ‘el amor se acaba”

Amor Antúnez: “Cambiaría la idea de ‘hasta que la muerte nos separe’ por ‘el amor se acaba”

Amor Antúnez: “Cambiaría la idea de ‘hasta que la muerte nos separe’ por ‘el amor se acaba”

Pocas veces he tenido la oportunidad de hablar sin tapujos con una especialista en materia sexual, así que cuando supe que conversaría con la reconocida psicóloga y sexcoach Amor Antúnez, me apresuré a armar un listado con las preguntas que siempre nos hemos hecho.

Vale decir, que Amor es nuestra favorita de la vida, y que su claridad y franqueza, aunque puede ponernos a temblar, nos ayuda a entender un poco mejor el amor, la sexualidad, la vida en pareja y nuestra autoestima sexual.

Para que la conozcan un poco más, les cuento que ella, además de psicóloga y sex coach, es escritora, comunicadora, locura y conferencista. Es autora de libro “Sexo con Cinco: Algunas mentiras y verdades sobre el erotismo” y colabora en diferentes medios de comunicación en la ciudad de Miami.

Por eso, sentí la necesidad de preguntarle de todo; pero nos concentramos en la seguridad y el autoestima, si existen o no las mariposas en el estómago, la masturbación, qué pasa cuando disminuye el apetito sexual, el balance entre el matrimonio y los hijos y esas cosas que a veces quieres hacer con tu pareja, pero no eres capaz de decirle.

Busquen el café, el té o la copa de vino, y pasen adelante…

 

¿Cómo explicas las “mariposas en el estómago” cuando nos enamoramos? ¿Qué pasa si las dejamos de sentir?

La primera pregunta que les invitaría a hacerse es si efectivamente existe tal sensación. Fisiológicamente el cuerpo nos dice una serie de cosas en reacción a alguien o a muchas personas. Luego, el asunto de si son mariposas, si son una señal o si es amor a primera vista, es una interpretación que hacemos de ese encuentro o de esa sensación (porque eso puede ocurrir hasta de forma remota, con las redes sociales).

Supongamos que existen las “mariposas”, efectivamente la emoción romántica por alguien se puede sentir fisiológicamente y eso lo interpretamos como una buena señal de amor. De manera natural, normal y lógica debería cesar, porque nuestro cuerpo no puede sostener por tanto tiempo esta serie de activaciones o picos de sobrefuncionamiento. Por eso, está bien que con el pasar de los años mi pareja me bese, pero ya no lo sienta como el primer beso.

A veces creemos que cuando no se siente igual es porque es falta el amor y no. Realmente con el pasar del tiempo y de experiencias conjuntas, el amor madura. Lo que pasa es que estamos interpretando de manera errónea que esto es sinónimo de mucho o poco sentimiento, cuando en realidad, esto tiene que ver con algo meramente fisiológico que responde, en términos coloquiales, a la “química”, que podría llegar a ser una valoración muy subjetiva además.

¿El enamoramiento tiene fecha de caducidad?

La teoría plantea muchos escenarios. El enamoramiento dura más o menos un año: que yo sienta durante el transcurso de nuestro primer año juntos todas estas cosas, es un buen predictor y que yo sienta a los tres años que de esas mariposas ya no hay nada, también está bien, porque fisiológicamente tu cuerpo necesita estar tranquilo, estable, sentirse en paz frente a la persona que amas, sobre todo si tienes un plan a largo plazo.

¿Qué hacer cuando en una relación de pareja, tienes cero ganas de tener relaciones sexuales?

Es completamente humano. Diariamente estamos en contacto con el tema del deseo sexual, libido, ganas e incluso la frecuencia, que es un poco la expresión de esa pulsión (estamos pulsando todo el tiempo energía sexual, que no es energía sexualmente explícita, es energía de vida); pero también pueden existir momentos de mi vida, días, periodos de tiempo, en el que este disminuye.

En el caso masculino, hace unos días alguien me preguntaban si ellos “quieren” todos los días. Es mentira. Lo que pasa a diario es la espermatogénesis, que es la producción de espermatozoides, pero de ahí a que el pene se erecte, tenga ganas y eyacule, hay un camino largo por recorrer.

A veces, fisiológicamente hablando, puedo tener días en los que sí quiero y puedo tener días en los que nada que ver, y mi esfera romántica y de vínculo está intacta.

También tiene que ver con la idea que tenemos de ese encuentro íntimo, si el guión erótico está puesto solamente en el asunto de la penetración pene-vagina y yo no me siento con ganas o mi vagina está en periodo de descanso por infección, salud o porque no está estéticamente como me gustaría, esto comienza a generar una especie de bloqueo o saboteo para el acto sexual; pero es normal. No hay por qué preocuparse.

Hay momentos en la vida en donde las circunstancias sociales (con mi pareja, familia, amigos, trabajo, país, económicos) se instalan como los grandes protagonistas, y ni de broma tengo ganas de absolutamente nada, porque mi energía, mi atención y mi cotidianidad están centrados en otro asunto que nada tiene que ver con lo erótico.

Es hasta sano que alguien reaccione en ese sentido. Te voy a poner un ejemplo un poco absurdo, pero que sirve para ilustrar: si estoy atravesando un periodo de duelo y se me acaba de morir alguien importante, eso debería incidir en un descenso en mi deseo sexual.

¿Y cuándo hay que preocuparse? 

Cuando siento que no puedo controlar el bajón del deseo sexual, que sin importar cómo trate de conectarme, estimularme, fantasear y conectarme con lo erótico, yo siento que no se despierta absolutamente nada y esta situación me dura más de tres meses.

Además me preocupa y comienzo a cuestionarme cualquier cantidad de cosas o comienza a generarme problemas en el trabajo por falta de concentración o problemas en la pareja. Ahí sí se presentan características que deben ser atendidas clínicamente.

¿Y entonces qué se debe hacer?

Pienso que el soltero y la soltera, como no tienen la mirada del otro encima, pudieran estar cruzándose con un problema sexual en la fase de deseo y no darse cuenta, porque no tiene la presión de responder.

Generalmente esto revienta y llega a consulta porque ya en la pareja hubo algún tipo de discusión al respecto. Hay estilos de personalidad y es importante reconocernos, entender cómo es mi estilo y cómo es mi ritmo sexual para que, a la hora en la que transite por estas circunstancias negativas o me toque conversarlo en pareja, pueda defender mi punto y no me comiencen a etiquetar, a presionar o a montar guerras y batallas en función de algo que yo ni siquiera sé cómo devolver más allá del: “perdóname, vamos a hacerlo rapidito para que no te molestes”.

¿Y por dónde podemos empezar a “despertar”?

Cuando uno va a despertar el deseo sexual, sola o en pareja, el trabajo siempre es en solitario. Primero tengo que comenzar a activar mi cuerpo y una vez que esté activado (lo hacemos a diario para caminar, correr, ir al trabajo), debo dedicar momentos (poquito a poco) para despertarlo con intención erótica.

Ve cómo te sientes: si estás feliz, molesta o frustrada; si tienes ganas o no de tocarte y estimularte, no solo genitalmente. Estoy hablando de ver si reacciono a la caricia, al beso, al masajito que me estoy haciendo, al baño que me puedo regalar y así, de alguna manera, ir reconectando con esas millones de terminaciones nerviosas que tenemos en todo el cuerpo, porque es allí donde esa chispa se enciende, de adentro hacia afuera.

Es algo que se debe ir construyendo y trabajando individualmente, poco a poco, según tu estilo, para luego comenzar a hacer las pruebas con la pareja. Con estilo me refiero a que hay a quienes les gusta la literatura erótica, a otros las películas, hay quienes prefieren conversar con las amigas sobre temas eróticos, quienes prefieren tocarse… Cada uno entiende qué debe hace para despertar (porque eso está ahí, no muere nunca).

¿Una mujer debe alarmarse si prefiere masturbarse a estar con su pareja?

No. Ni hombres ni mujeres nos deberíamos alarmar ni sorprender. Lo hacemos porque, culturalmente hablando, la masturbación, al igual que el sexo anal, es de las cosas más satanizadas que tenemos en relación a la sexualidad. Y yo entiendo por qué. Porque realmente por ahí no vamos a tener hijos, que es el fin último de la mayoría de las religiones en cuanto a la actividad sexual y, por otro lado, nos cuesta asimilar esto del hedonismo y el placer por el puro placer.

Si te preocupa que tus orgasmos solo aparezcan por esta vía, la buena noticia es que tu cuerpo te está diciendo que está en capacidad de sentir placer. Si yo me entrego, diseño y me permito disfrutar de ese rato conmigo para responder a capricho cualquier cantidad de deseos y ni siquiera tengo que alzar la voz, porque yo misma me estoy escuchando y dirigiendo: soy la protagonista.

Mi genital recibe toda la atención y no tengo que compartir ni siquiera el movimiento, ¡es lógico que por esa vía sea mucho más efectivo llegar al orgasmo!

Cuando estamos con la pareja aparecen otra serie de variables, que para muchos son interesantísimas y más importantes: como estar con la persona que amas. Eso también suma a la experiencia subjetiva del placer, pero físicamente hablando estás compartiendo todo.

En la cama, a la que le dé vergüenza decir lo que quiere y cómo lo quiere… ¡Se queda con las ganas!

¿Cómo dejar la vergüenza a un lado, y contarle a tu pareja lo que realmente te gustaría hacer en la cama?

Si ni siquiera lo puedo contar, no debería compartirlo con nadie. Cuando uno revisa, por ejemplo, el manual de diagnóstico, se da cuenta de que se puso muy de moda todo el tema de las disfunciones sexuales, los fetiches y las parafilias; entonces casi cualquier cosa que no fuera el cuerpo del otro y el pene dentro de la vagina, tenía que ser configurado como un trastorno.

La verdad es que en la medida en la que yo comience a hacer las paces (entender quién soy, cómo soy, qué me gusta, cómo me gusta), aunque no estoy en el momento de compartirlo con nadie, al menos lo tengo claro, y eso es necesario.

Si tengo una idea, pero no sé como se llama, me da vergüenza no saberme el término, parecer muy infantil o, en otro extremo, muy conocedora, esto puede estar contaminando el mensaje. La pregunta sería: ¿Me produce preocupación el mensaje que llevo, cómo debo expresar esto o a quién se lo voy a expresar? porque de repente yo estoy muy clara de lo que a mí me gusta, pero he reconocido que el otro quizás no lo va a recibir bien, esto puede ser mera especulación o porque ya hemos ido avanzando en conversaciones, quizás muy generales, en donde me estoy dando cuenta de que el secreto que tengo guardado no va a ser bien recibido.

Si realmente tu plenitud sexual incluye ciertas prácticas, nadie es mejor que tú para ser la vocera de ese universo, porque nadie te puede leer la mente. Si no lo haces, vas a quedar frustrada toda la vida y reclamándole al otro, pero claro, sin abrir la boca porque “la procesión se lleva por dentro”.

Yo invito a las mujeres a que busquen en Google lo que les gusta a ver qué les sale. Eso seguro ya tiene un nombre y hay cualquier cantidad de información al respecto. Me interesaría que en el recorrido de información que vayan obteniendo, puedan ubicar fuentes fidedignas, profesionales, que no sea solamente show o pura pornografía porque eso las pudiera dejar un poco más confundidas.

¿Cómo trabajar la falta de seguridad y la baja autoestima que pueden producir los cambios físicos (aumento de peso, cambios corporales después del parto)?

Sería bueno replantearnos dónde anclo la seguridad en mí ¿En lo estético? Eso puede ser cierto para mucha gente y lo respeto. Si por alguna circunstancia de vida eso en lo que yo centraba mi seguridad se ve afectado, lo interesante sería aprovechar la crisis para entender y ubicar otras fuentes de valía, seguridad, respeto y amor propio.

Es bastante de adultos y maduros no depositar todos los huevos en una canasta, es decir entender que tienes otros atributos y cualidades; que tienes cosas buenas, cosas por trabajar y cosas malas también, porque en todo ser humano hay luces y hay sombras, y en la medida de que yo entienda que no soy perfectos, puedo aceptar de una mejor forma todas las transformaciones que tengo en este paquete llamado identidad.

¿Cómo lograr que el matrimonio no se venga abajo con la llegada de los hijos?

Históricamente hablando, el matrimonio se establece como una forma de controlar y suprimir el deseo sexual del varón, que era a quien se le reconocía como el ente sexual.

Entonces, el matrimonio, concebido como esa relación monógama para toda la vida, era como uno de los tantos fenómenos sociales y culturales (asociados a la religión), que se establecieron en la sociedad para controlar el impulso sexual.

La verdad es que este esquema del matrimonio viene dando ciertos inconvenientes y problemas antes de la llegada de los hijos y sí, los hijos llegan a trastocarlo todo, pero, ¿Esto no venía un poco raro, vacío desde hace rato?

¿En serio la relación era una maravilla, llegaron los hijos y se destruyó todo? Lo digo porque en la vida nunca nada es blanco y negro. Empezamos a agregarle cualquier cantidad de expectativas a ese vínculo. Ahora no es nada más el apellido y la estabilidad económica. Queremos a la pareja aventurera, pero romántica, saludable, que sepa, que nos acompañe, que nos escuche y que lave conmigo los platos... Hay cualquier cantidad de expectativas nuevas a ese vínculo y una de ellas es la llegada de los hijos.

Cuando estamos con alguien, especialmente cuando convivimos con esa persona, pretendemos que la cuestión de la sexualidad fluya de forma natural. Cuando los hijos llegan se requiere un nivel de organización y planificación magistral. Los papás se organizan para ir a un parque con los hijos, ¿Por qué creemos que cualquier otro escenario, que además suponga la ausencia de ambos padres, no deberíamos tratar de planearlo como equipo para que salga bien? Debemos ponernos de acuerdo hoy, en el aquí y el ahora: ¿Qué tiempo tenemos disponible? ¿Qué espacio tenemos disponible? Son conversaciones que se tienen que tener, para que luego, una vez que cada uno haya visto el panorama, diga: “esta es la realidad ahora”.

Entonces cada uno estará más atento a estas señales y a estos momentos para que fluyan y se vuelva a retomar el ritmo de la actividad sexual.

¿Cuál sería un aspecto clave para que un matrimonio perdure, pero bien? 

Creo que no hay garantías. Quiero creer que existe la posibilidad de las relaciones a largo plazo, pero hay que reflexionar. Yo hablo de algo que se llama amor consciente, porque cuando empiezo a entender, por ejemplo, que ya no siento “mariposas”, cabe preguntarse cosas como: ¿Cómo te amo yo hoy?, ¿Cómo estoy interpretando que todavía conservo hacia ti afecto, amor y pasión? Ya no eres el galanazo o la súper modelo que me sorprendió en la fase de cortejo, ¿Cómo es que todavía te amo?

Si hiciéramos ese ejercicio, no digo diariamente, pero más frecuentemente de lo que lo hacemos (hay momentos preciosos, como por ejemplo los aniversarios, cumpleaños, fin de año, Día de los enamorados, Día de la Madre, Día del Padre), uno pudiera aprovechar esas excusas para hacer el ejercicio consciente de preguntarse si sigues amando a esa persona. Luego, es importante no quedarse con esto que es un gran tesoro, sino comunicárselo al otro, esperando que, en el mejor de los casos, se pueda dar algún tipo de conversación o de intercambio para refrescar el vínculo.

Por otro lado, yo cambiaría la idea de “hasta la muerte nos separe” por “el amor se acaba”, porque cuando uno entiende, y esto no es para aumentar la paranoia, que el amor se puede acabar, genuinamente sin querer herir a nadie y sin terceros, uno es más cuidadoso y no da por sentado nada. Si yo entiendo que esto puede caducar en algún momento, que se puede vencer y que en buena parte dependerá de cómo yo te haga sentir para que sigas en conexión conmigo, yo creo que uno pudiera alargar el buen vivir juntos en pareja. Siento que el vínculo se pudiera ir gozando cada vez más en la medida que transcurran los años.

 

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Fotos: Amor Antúnez y Unsplash.

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